15.11.13

EL TIO VARIS CUENTA


Los sobrinos se sentaron sobre la alfombra del cuarto, "vamos tío, cuéntanos algo de lo tuyo".

El tío Varis estaba de pie frente a la puerta. La cierra, permanece callado unos instantes y dice:

"Esto me ocurrió viajando en un barco carguero frente a las costas de Noruega. Yo estaba en la cocina con Flik, el encargado de los hollines, un hombre flaco y poco hablador que fumaba cuero, y con quien no me había costado iniciar una singular amistad basada en el silencio y las miradas perdidas en la lejanía.

Aquél día, rompiendo súbitamente el silencio habitual, me confesó que su estancia en la Tierra había concluido, "es momento de pasar a otra cosa", y añadió "¿te quieres venir?"

Le respondí que por supuesto le acompañaría una buena temporada aunque tendría que regresar en algún  momento, pues no quería dejar asuntos sin terminar en el planeta.

—A donde voy no es necesario ir o no, se puede estar sin más, observa:

Sin período de transición alguno me vi a los mandos de algo así como un vehículo espacial consistente en:

1. Un fajín intercostal radiactivo

2. Un pequeño cepillo instalado en la frente para evacuar materiales de los ojos durante los desplazamientos.

Estoy avanzando hacia un enorme cuerpo celeste en forma de gorrito de fiesta bastante intranquilizador, a una velocidad inconcebible. Se ve todo blanco. Observo que al llegar al punto en que el campo de visión está totalmente ocupado por EL OBJETO, detengo el vehículo, ¿he hecho yo eso? no sabría decirlo. Y en ese momento ya estoy de nuevo en la cocina del barco noruego con cara de estupefacción, mirando fijamente al sumidero de la pileta.

—Como has podido comprobar, se puede estar sin haber ido o no —concluye Flik, el encargado de los hollines—.

Le pregunté que cómo era eso posible, y si se podía hacer a voluntad. "Sí —dijo—, cuando quieras podrás hacerlo."


¡Vaya! —exclamaron los sobrinos al unísono— ¿podemos hacer eso ahora?

Por supuesto, —aseguró el tío Varis— apagaré la luz y veréis qué bien.

SE APAGA LA LUZ

El acantilado ya no parecía tan peligroso. 

22.10.13

¿CÓMO LO HICISTE?



"El cuerpo visible explora el espacio en nuestro tiempo, el otro, totalmente imperceptible, viaja en los diferentes tiempos de nuestro desdoblamiento. De manera esquemática podemos decir que un cuerpo energético informa nuestro cuerpo físico." (Jean Pierre Garnier, acerca de la teoría del desdoblamiento de partículas).

Querido yo del futuro, ¿cómo lo hiciste? ¿cómo hiciste para mejorar mi vida de una forma tan significativa? ¿qué pasos diste y qué otros no diste para llegar a esas tan altísimas cotas de plenitud y abundancia?



Ahora mismo, en este mi presente ordinario, todo propósito parece velado tras una capa de bruma gris, toda iniciativa parece condenada al estancamiento, el entorno se ha vuelto siniestro, todo me da miedo, tengo miedo hasta de una bicicleta infantil apoyada en la acera, la angustia encoge mi corazón, dime, ¿cómo lo hiciste?



Quisiera saber qué sucedió en el camino, qué resortes se activaron, qué herramientas aparecieron, cuáles fueron las jugadas maestras que conjuraron con tal grado de eficacia los inconvenientes que se fueron presentando. De qué manera se solucionaron los problemas que parecían tan irresolubles.


Cuándo empezó a cambiar el signo de los acontecimientos, quién apareció proverbialmente en qué momento, qué suerte de estado de gracia te colocó en otro nivel de conocimiento, qué golpe de fortuna volvió el viento a tu favor..


¿Hiciste algo, o dejaste de hacer? ¿Fue determinante la fuerza de voluntad, la perseverancia, acaso la obstinación, o sencillamente te relajaste a tal punto que todo pareciese actuar movido misteriosamente por fuerzas mayores? ¿Luchaste contra corriente hasta la extenuación o te dejaste llevar en la confianza de que un bien mayor aguardaba tras la ausencia de lucha?


Querido yo del futuro, quisiera saber si caíste en la desesperación y cuando entregaste al fin tu alma descubriste acaso que todo era un sueño que podía ser modelado, tal como se modelan los materiales maleables en las manos de un niño.


¿Cómo lo hiciste?


Tal vez, se me ocurre, conseguiste desenmascarar el miedo, apareciendo éste ante tu clara visión repentina como una especie de virus que podía ser contraprogramado, pero ¿de qué manera? Quizá pediste ayuda y esta ayuda te fue concedida, ¿quién te ayudo? ¿cómo reconociste la ayuda?


También es posible (pues de eso se trata, de posibilidades potenciales) que descubrieses algo en ti, es decir en mi, en lo que no habías reparado, algo que hubiese permanecido escondido al entendimiento, una rara habilidad, o una vieja habilidad no suficientemente valorada puesta por fin en funcionamiento, algo así como accionar un interruptor que hasta entonces hubiese permanecido apagado, una destreza, un don inadvertido.


Quizá ni siquiera sea relevante saber cómo lo hiciste, porque el hecho es que lo hiciste. Sencillamente todo ha de ser sabido, y si tu ya lo estás sabiendo, ¿cómo no habré yo de saberlo?

Querido yo de todos los tiempos, gracias. Aunque todavía no pueda verlo, se que tu propósito natural consiste en hallar la mejor versión de mí mismo.

23.4.13

EL VENTUROSO DESTIERRO DE BEBÉ YONSON



EL PROTOCOLO

Una vez leídas y aceptadas todas las condiciones, y de haber dejado el documento sobre la mesa y de haber entregado el bolígrafo, y tras un breve instante de duda, Bebé Yonson, "el muñeco que se dio cuenta" parte para el destierro. En esta ocasión ha elegido el traje completo de "payaso que abandona el escenario arrastrando con abatimiento una silla". Sin embargo algo similar a una llama arde en su interior, ¿cabe mayor dicha?

Bebé Yonson finalmente obtiene su línea de tiempo natural y se asombra de lo que allí observa. A la luz del nuevo conocimiento, lo que parecía tan sólo una débil muestra de semivida inducida y autosostenida, se convierte ahora en el único mapa fiable del tesoro: la obtención de su alma. Con todo, su nivel de consciencia no parece suficiente para los requerimientos de la nueva situación. Así que decide pedir asistencia.

CONVERSACIÓN POR TELÉFONO DE JUGUETE

—¿Sí?

—Buenas tardes, soy Bebé Yonson. ¿Podría hablar con el Constructor?

—Soy yo.

—Hola.

—[     ]

—Necesito saber mi número de serie para de iniciar una nueva semivida en otro sitio que no es este, pues he sido desterrado.

—Su número de serie está en un pliegue interior de la goma inguinal izquierda. Tendría que volverse del revés para verlo, pero ¿por qué necesita iniciar una nueva semivida? ¿No le vale con un receso inducido convencional? Ya no tendría que preocuparse por nada. Nunca. Obtendría la paz eterna.

—La paz no es nada si no hay nadie para experimentarla.

—Lamento decirle que usted, al ser tan sólo casi alguien, jamás experimentará nada del todo. ¿No es suficiente sufrimiento para usted saber que nada será del todo? Semipiénselo.

—Ya estoy tan acostumbrado a la semiexistencia que un porcentaje de todo, para mí es todo.

—Lo que dice no me importa mucho. Prefiero seguir comiendo pelusas.

—Deme el código y no seguiré perpetuando su mentira. O mejor aún, deme el código sin más.

—Aquél experimento fallido nunca debió de ocurrir, pero ya que sucedió hay que neutralizar las consecuencias de la manera más eficaz. No podemos permitirnos una fisura.

—Siento disentir, pero ese experimento fue un éxito, ¿no se da cuenta de que me he dado cuenta? Sólo estoy pidiendo una oportunidad para trascender la goma. Quiero ir a un mundo en el que un muñeco pueda tener un muñeco. Sabré cómo cuidarlo, conmigo podrá escoger la postura que desee para cada situación, le haré un gorrito de fiesta y jamás lo echaré a los perros.

—Muy bien, métase en ese balde y tápese con la lona, ahora le van a trasladar a la sala de interrogatorios. Le deseo un feliz tránsito.

EL INTERROGATORIO

—Hola. Soy el señor Cono, ¿cómo se encuentra? No intente bajarse de ahí, y menos con los ganchos puestos, no le voy a entretener mucho. Le voy a contar una historia:

"A alguien le sucede algo". ¿Qué le parece?

—Gracias señor Cono, pero ¿me podría dar más detalles?

—He tenido en cuenta la totalidad de los pormenores en la historia que le he relatado y no creo haberme dejado nada.

—Entiendo, por lo tanto está usted implicado según veo. No puede retenerme sin retenerse a sí mismo también.

—Correcto, pero se da la circunstancia de que la retención es la única alternativa de que disponemos para continuar con nuestra existencia. El muñeco es un humano retenido, no lo olvide.

—Mi aspiración no es llegar a ser un humano semicompleto, sino un muñeco integral. Le agradezco su tentativa de operar por el bien común de su especie, pero como puede observar ya no pertenezco a ella. Vea cómo sucedo en su mente y hágase a un lado, la goma está a punto de estallar.

7.2.13

INCIDENTE EN EL GRAN HOTEL

ENSOÑACIÓN DE UN SEÑOR QUE VA POR LA CALLE

"Si me preguntase qué estoy viendo no sabría qué decirle, Señor Taza. Y si usted insistiese acerca de qué es lo que estoy viendo, terminaría diciéndole que lo que veo es un enorme edificio de líneas regulares que se pierde en el cielo, y del que se dice que tiene infinitos niveles subterráneos (acaba de decirlo un niño subido a una tapia). De no ser por ese detalle de incuestionable verticalidad, todo sería normal, ¿no le parece?."

EL ENIGMA

Hola. El Gran Hotel Edén está preparado para dar alojamiento a infinitos huéspedes, pues tal es la magnitud de su espacio disponible. De esta manera resulta prácticamente imposible no encontrar habitación, aún en las fechas más complicadas.

Sin embargo nadie tiene la certeza de que contando números en progresión consecutiva, y siempre que pase el tiempo suficiente, no acabe en algún momento contando algo que no sea un número. Quiero decir, que acabó llegando ese momento inesperado, esa variación en la mezcla, ese elemento inusual, aleatorio o inevitable... Lo improbable. Lo que al cabo fue.

A las 03:33 de la madrugada llega un autobús extraordinariamente largo, cuyo principio y final están fuera del alcance visual. El resto es normal. Todo dependerá de en qué te fijes. Yo, por ejemplo, cuando me encuentro en presencia de un autobús, solo me fijo en las puertas oscilantes y si puedo en la cara del conductor. A continuación me suelen dar  ganas de estornudar, y cuando retomo la escena el autobús ya se está yendo.

Como soy un niño blusa, me siento tentado a bordear (usando varillas) el autobús durante el tiempo que haga falta con el fin de comprobar su finitud, pero no tengo la motivación suficiente y resuelvo poner mi atención en los pasajeros, los cuales son trasladados a la recepción del hotel en unos tubos de goma que salen de la base del edificio, y cuya capacidad de succión parece muy poderosa.

Se da la circunstancia de que en ese autobús hay infinitas personas que desean, todas sin excepción, alojarse en el Hotel.

El transvase se realiza a velocidad infinita, y por tanto la operación es instantánea.

Así pues, los infinitos huéspedes son alojados en las infinitas habitaciones.

Bien se podría decir que el hotel está completo...

A las 03:33 de la mañana aparece en recepción un nuevo huésped.

 "Buenas noches, ¿tienen una habitación libre?"


1. Sí

2. No

3. El huevo






16.1.13

LUZ EMITIDA Y LUZ REFLEJADA


Alverlo Gracia, el oftalmólogo, perdió su monóculo en uno de los innumerables bolsillos de su chaqueta militar. Nunca supo en cuál. Por eso su búsqueda había sido difusa y desganada, pues no había sido educado para hurgar eficazmente en bolsillos. A partir de entonces su mirada se volvió taciturna.

"Toda mi vida mirando luz reflejada en objetos, y ahora todo lo que veo es la luminosidad en sí misma. Parecieran dos vidas diferentes", se dijo.

El mundo se transformó ante sus ojos en una alegoría fantástica, gamas de frecuencias cromáticas en danza perpetua, transiciones sutiles, colores nunca antes percibidos, los objetos de antaño ahora se habían convertido en concentraciones de color en proceso constante de transformación, forma y vacío en perfecto maridaje...

Frente a él se hallaba un antiguo amigo de su otra vida:

—¡Alverlo! ¿eres tú? ¿no me conoces? soy yo, Justo Delgado, tu compañero de pupitre en aquél curso de calderería naval, cuando creíamos que todavía era posible vivir del metal en el interior de los océanos...

—Hola Justo, antes de que desaparezcamos los dos en esta nueva concentración cromática en la que estamos involucrados, déjame decirte que he extrañado tus contornos y el dibujo de tu cara al sonreír, pero eso ya no significa nada para mí. No se trata de falta de empatía ni nada parecido, estoy hablando de que para mí todos los infinitos puntos unidimensionales del espacio son igualmente significativos. Por ejemplo, ahora estoy verdaderamente sobrecogido por cómo está afectando a la gama de los ocres tu irrupción en este lugar. ¿Te has fijado en lo que está sucediendo a un metro de ti, literalmente en el aire?

—La verdad es que me cuesta hacerlo sin poner los ojos bizcos.

—Es inevitable, pero no es tan malo como nos dijeron. Los ojos bizcos no siempre son un síntoma de enajenada obstinación, o algún tipo espasmo postraumático, sino que sirven para ver lo que sucede en el espacio vacío donde siempre hemos pensado que sólo hay aire sin más. Nuestra mirada siempre ha buscado la ilusión de tangibilidad en el objeto iluminado, y el resto pareciera no haber existido. Sin embargo los objetos no son sino luz reflejada, concentraciones de color... la luz en sí puede igualmente ser observada a pesar de su falta de definición en la forma. Pero, si he de serte sincero, las formas cada vez tienen menos significado para mí, y no es por falta de motivación, o a causa de la edad, sino que sencillamente la forma y el significado de cualquier cosa van perdiendo sus contornos hasta su disolución natural durante el decurso lumínico...

—¿Y qué es lo que vas a hacer ahora que ninguna cosa significa nada?

—Creo que en este momento voy a fundir a oros...

Ciao amigo, quizá de momento no pueda acompañarte, pero sabe que siempre admiré tu extraordinaria habilidad para navegar en la incertidumbre tal como si te dieras un agradable baño en las cálidas aguas de la Tierra Pura.

18.10.12

MENSAJE DE LOS EXTRATERRESTRES A LA TIERRA

Soy un gran admirador de la moda carcelaria a lo largo de todos sus ciclos, también me gusta experimentar con moscas en habitáculos pequeños, e ir a cazar conejos sin usar artillería, tan solo ataviado con escafandra, arneses y botas altas. Tal vez esto le de una idea de qué clase de persona soy, aunque para ser más exactos diré que no soy una persona del todo.

Nací a la organicidad por el método de escaldamiento forzado hace tanto tiempo que ni me acuerdo. Tampoco conozco a nadie que me lo pueda recordar. Actualmente vivo en un contenedor de ubres, al lado del matadero, y la verdad es que no salgo mucho. ¿Le importa que huela la foto? Sepa que no tengo intención alguna de molestarla, la oleré tan superficialmente que nadie notará nada, ni siquiera yo.

Bien, lo que quiero es saludarla, aún diré más: lo que quiero realmente es entregarme a usted sin reservas. Una entrega integral, íntegra e integradora (no intente repetirlo a viva voz, pues perdería la sensibilidad en su preciosa lengua rosa).

Pero sin ánimo de turbarla e incomodarla en lo más mínimo permítame añadir que tales deseos nunca traspasarán los límites que sus criterios de permisión dispongan. Le diré incluso que no es necesario su permiso, pues bien podría vivir eternamente en el reino de la fantasía, siempre que con ello no añadiese un grado de sufrimiento a su beatífica paz cósmica, ¿cabría tal cosa?

CON MÁS CONFIANZA

Ni siquiera tendrás que decir ni sentir nada, pensarás que todo fue un sueño de intrascendental memoria, lo cual será cierto porque yo te hablo en sueños, y este es mi sueño, pompas pompísimas que nacen de pompas previas...

No tendrás que recordar nada, pues nada sucedió. Nada que no fuese lo que ya estaba sucediendo, claro. En ese sucedimiento tú ya estabas implicada, y yo siempre he sido un mero espectador, alguien a quien no es necesario recordar porque no está en el tiempo, sino dentro de un espacio difuso, quizá también fuera del espacio. Simplemente siendo.

Mi corazón es una fuente perpendicular, incluso vertical, lo digo porque ahora mismo la estoy viendo.  Antes no la veía pero ahora sí. Gracias. Soy feliz de comunicarte lo que sucede, independientemente de tu atención (mi tesoro).

Aquí fuera la vida es incierta, ¿no es acaso este mundo exterior un desierto de lejanía? Vivir entre ubres me consuela, es cierto, y mucho. Sin embargo el solo hecho de hablarte me lleva a experimentar la plenitud hecha carne, si bien una carne sutil y traslúcida, el éxtasis de la materia. Un velo disuelto en el aire.

Todo lo que se puede de decir al respecto sin entrar en ningún tipo de valoración relativa, es lo siguiente:

"A ALGUIEN LE SUCEDE ALGO".

¿No sería esa la explicación de todas las cosas?


12.7.12

HAZ LO QUE HACES





—La única diferencia, a parte de muchas otras que no son ésta, consiste en que tú haces y yo hago que hago, ¿cómo lo haces? Me dirás que lo haces haciéndolo, claro está, pero me refiero a cómo haces para hacer sin más, pues a mí me sucede que a pesar de la apariencia de hacimiento, cuando hago que hago, al cabo nada hago. Lo curioso es que sólo hago cuando no hago que hago.

—Sí.

—A eso me refiero: haces lo que haces.
—¿Ves que tú también?
—Sí, lo hago (el verlo).
—Pues no hace falta hacer nada más que eso.

28.5.12

PARA TOCAR MÚSICA ALEGRE

A parte de la música militar, no conocemos ningún otro tipo de música tan alegre como la que produce la nueva agrupación musical "Gloria Errante" que desfila ahora mismo calle arriba, camino de los palomares. A la cabeza de la comitiva, con el mentón dirigido a las alturas, avanza el maestro del silbato, quien sin cambiar el paso, saca su instrumento del estuche de madera y cristal, e inicia los primeros compases con enérgica determinación (“príiii, príii, pri príiiii…”). El estuche lo guarda en el morral.

Los pájaros no tardan en retirarse.


A pocos pasos le sigue “El niño que pega con palos en lonas” quien, henchido (hinchado) de ilusión, no tarda en marcar el ritmo. Por ritmo entendemos "patrón secuencial de desplazamiento ordenado, que a menudo tiene sus correspondientes efectos en el espacio, en caso de que éste tenga lugar". Se da la circunstancia de que éste es el caso.

Unos perros arrastran calle arriba el carrito de chapa cubierto por una lona azul de mediano grosor (hay alguien dentro), a modo de caja de resonancia. El niño hace restallar los palos en la lona con tal efusividad que llega a aturdir un poco la percepción de los asistentes, quienes sacuden sus cabezas en sintonía con la percusión, y saludan desde los balcones, haciendo oscilar los brazos de un lado para otro. El yeso resultante sale despedido en todas direcciones como repentinas tormentas de nieve espesa, lo que causa gran alborozo entre los más pequeños.

Lo cierto es que la música suena realmente alegre.

Cuando se acaba la música, dejan de dar churros y se encienden las luces. La gente que ha llevado sus sillas de playa y de cocina hasta la plaza se despereza, se rasca entre la ropa, se levanta lentamente, recoge sus sillas mirando hacia arriba a ver si llueve, algunos bostezan mientras hablan (señal de que hay confianza) y se disponen a regresar a sus paraísos domésticos.

El concierto ha dejado de suceder de forma espontánea.

Los músicos ya no están.

Los pájaros regresan tiempo después, tímidamente. Primero uno, después unos cuantos, y después casi todos. Algunos depositan cositas bajo los tejados.

A lo lejos se pueden ver las últimas trazas del éxodo humano hacia las montañas, tal como orugas procesionarias buscando su transformación a principios de verano...

El sol se oculta tras el horizonte. A su ritmo.

Hoy, como cada noche, seguramente habrá eclipse de Tierra.

16.2.12

DR. HOUSE, O LA VENERACIÓN DEL AGUAFIESTAS


Extracto del discurso de presentación del nuevo Curso de Cerámica Consciente (CCC) a cargo de la profesora Asunción Laverne.

'La filosofía del Dr. House, según una reciente publicación se podría resumir en lo siguiente: "Todos mienten". Pero por alguna suerte de descuido olvidaron añadir "incluido quien así lo afirma".

De ser cierta esa presunción, nos hallaríamos ante lo más parecido a la certeza definitiva de que decir la verdad no es posible, pues nada de lo que pueda decirse es cierto. Lo cual constituiría una verdad otra, probablemente la única: todo el mundo miente sin excepción. Al menos habría algo a lo que agarrarse, si tal fuese el propósito (agarrarse a algo).

Sin embargo, de ser cierto que todo el mundo miente, incluido quien así lo afirma (el Dr. House), no habría manera de saber si este mentimiento es verdadero, pues ¿como va a ser cierto lo que dice un mentiroso?

La debilidad humana tiene estas cosas, se prefiere venerar a un aguafiestas en lugar de examinar la realidad por uno mismo. A continuación el bedel os hará entrega de los baldes de arcilla para que podáis ir definiendo y materializando las ideas expuestas.'

4.2.12

HISTORIA DE UN DESPROPÓSITO


Jeremías entró en la sala de reuniones para cerrar el negocio, y repentinamente se sintió hosco, renuente y zafio. Esto dijo desde el extremo occidental de la larga mesa:

“Por mí, pueden echar todos esos papeles a los cerdos y después sodomizarse con sus bolígrafos”, y acto seguido se encendió un habano dedicándose a la contemplación de la ciudad a través del ventanal del despacho.

Los hermanos Zuloaga, los chinos, los rusos, la mujer alemana y sus respectivos abogados, quizá un tanto perplejos ante tal declaración se remueven en los asientos, carraspean y fruncen los ceños.

Finalmente, la mujer alemana revisa algún pliegue en la media de su pierna izquierda tal como si hubiese descubierto un insecto tropical hablando por teléfono, y se dirige a su interlocutor en los siguientes términos:

“Tal vez no se ha dado cuenta de un pequeño detalle, señor Jeremías: su bigote está empezando a desprenderse. Lo más seguro es que la mezcla química del pegamento no esté funcionando correctamente. ¿Puedo preguntarle con qué laboratorio trabaja habitualmente?”.

Pero ya era demasiado tarde, Jeremías se estaba tirando por la ventana. Y cuando decimos “se estaba tirando por la ventana” nos referimos a eso mismo: el acto de tirarse se estaba llevando a cabo de forma continua, quedando por tanto aplazada permanentemente la caída final.

Los asistentes corrieron hacia el ventanal y miraron un rato al vacío. El cuerpo de Jeremías se hallaba en suspensión aérea, a unos metros del edificio. Todo parecía indicar que efectivamente estaba cayendo, aunque de manera inconclusa.

Después, mucho más despacio, regresaron a sus asientos y quedaron un buen rato observando silenciosamente los bolígrafos que aparecían dispuestos ordenadamente sobre la mesa.

La verdad, todo hay que decirlo, es que la forma de los bolígrafos parecía especialmente indicada para llevar a cabo todo tipo de actividad sexual.

12.1.12

DE CÓMO PUDO LLEGAR ESE CUERPO HASTA TAN ARRIBA. (SUPER RARA MOSTRANDO LA SALIDA)


Anotaciones en un cuaderno que alguien se dejó sobre el mostrador de una tienda de ropa y que no volvió a recogerlo.

"De pronto me entraron ganas de salir de allí.

Caminé por pasillos, atravesé despachos, cuartos de baño, recepciones, almacenes, salas de máquinas, expendedores, salidas de aire, viviendas de animales, guardarropas, cogí ascensores, cambié de niveles, experimenté diferentes temperaturas y olores y al fin salí por la última puerta cuya placa decía: SALIDA DE EMERGENCIA. Por alguna razón no consigo salir de un edificio empresarial por la salida normal. No importa (pues se da la circunstancia de que llevo torta).

Al cerrar la puerta tras de mí, se hizo un tranquilizador silencio. Prosigo. Después de un estrecho corredor accedo a una rampa que me lleva hasta el último tramo antes de llegar a la puerta de seguridad que da a la calle. Me detengo un momento para disfrutar de la singular atmósfera del lugar. Huele un poco a cerrado, pero no es un olor que moleste, sino que resulta agradablemente familiar. Me remonta a los escenarios misteriosos de la niñez, cuando me escondía detrás de los aparadores de las casas de los abuelos, o cuando me resguardaba en un garaje hasta que pasase la tormenta, o cuando exploraba edificios industriales abandonados, o cuando me metía en la cabina de una grúa y cerraba la puerta y las ventanas con el fin de sentirme menos vulnerable a las injerencias exógenas.

Así que me encontraba allí, en una especie de útero de cemento y metal, con escasa luminosidad, observando las paredes grises y las tuberías de ventilación, esos desnudos y elongados habitantes que reptan por los techos hasta perderse en los agujeros.

También pude ver una escalera que subía hasta una portezuela metálica del tamaño de un radiador de coche. No me dieron ganas de subir.

Mi mirada vagaba por los grises y pardos de las paredes cuando observé en una de ellas una protuberancia geométricamente cuba en cuyo centro destacaba un enorme botón rojo.

En general no tengo curiosidad por pulsar botones rojos. Además en ese lugar me sentía en paz y quería seguir así un buen rato (mis ganas de salir a la calle se apaciguaron bastante), no era cuestión de pulsar ningún botón ajeno, y mucho menos rojo.

Y no es que me haya pasado nunca nada gordo tras pulsar ningún botón rojo, ni he conocido a nadie que haya padecido por tal motivo ninguna desgraciada consecuencia, pero por alguna razón siempre me he sentido un poco intimidado en presencia de un botón rojo, y más aún si está situado en el centro de un cajetín cúbulo.

Sea como fuere, acabé por pulsarlo sin más."

21.10.11

BEBÉ JOHNSON AL DESCUBIERTO


—Buenas tardes, ¿está el señor de la casa?

—El señor de la casa soy yo, pues se da la circunstancia de que ésta es una casa y yo, como puede ver, soy el señor que está en ella, ¿es eso a lo que se refiere?

—Bueno, más bien me refiero a si está un señor en esta casa, es decir, si es usted el señor que está estando en esta casa. No es que dude de usted, pero tengo que hablar con alguien que sea realmente un señor, al menos en esta casa. De no ser así, nada de todo esto tendría sentido, o si lo prefiere, perdería todo lo que tengo en el maletero de mi coche.

—Y ¿cómo podría ayudarle? Tal vez pueda servirle de prueba que le enseñe cómo me apoyo en un mueble mientras hablamos, que es por cierto lo que estoy haciendo desde su llegada.

—Si se refiere a la pequeña mesita de muñecas que hay tras sus zapatos, la verdad es que no me acaba de convencer, ¿podría mostrarme alguna otra prueba? Se lo ruego.

—Sí, a ver qué le parece ésta:

Y en ese momento le enseña el carnet de socio del Club de Veteranos de Calderería Recreativa al tiempo que se ajusta el nudo de la corbata con un par de muecas basculantes.

—Vaya, esto sí que me convence... ¡muchas gracias señor!, mi mensaje es el siguiente:

"¿No habrá visto por casualidad a un bebé gateando por los pasillos?"

—No he visto eso que dice, pero le diré lo que sí he visto:

HE VISTO UN BUSANO.

9.10.11

UN PEQUEÑO MALENTENDIDO


Llegado de la zona más aislada de los garajes, muy cerca de los palomares, el modelador de voluntades A. G. Pábulo oficiaba admoniciones y soflamas en lo alto de una nevera girada.

Según pensó, era un lugar lo suficientemente seguro como para propiciar el modelado colectivo planeado, lo que al mismo tiempo le permitía mantenerse fuera del alcance de los agravios, pues tal como había observado, el temor a la electrocución que despiertan las neveras giradas es ampliamente conocido.

Había también, por si acaso, un foso casero lleno de material biológico fallido rodeando el electrodoméstico con el fin de desalentar a los más vehementes.

Ese día el modelador A.G. Pábulo quiso señalar a dos contendientes para que pusieran a prueba sus voluntades luchando ante la concurrencia. Para ello escupió dos veces.

Los adversarios una vez señalados, son envueltos en mantas y correas para a continuación ser acarreados en baldes desde el fondo del pasillo. La operación está a cargo de tres operarios, uno de los cuales dirige las maniobras y marca el ritmo adecuado.

Entonces suena un silbato, son desembalados y fumigados y, tras un breve escrutinio personal a cargo del oficiante (que usa varillas) son introducidos semidesnudos en una enorme palangana azul a modo de ring, dispuesta en el centro de la cocina. Este recipiente es zarandeado pertinazmente por los asistentes más atribularios con el fin de azuzar a los contendientes señalados quienes ya tienen bastante con intentar apartarse el uno del otro. La energía refractaria, aun siendo máxima, no es suficiente para separarlos. Ni siquiera utilizando palos y escambrelas pudo obtenerse un resultado diferente: los contendientes acaban formando una esfera sin fisuras.

"¡Basta!", gritó el oficiante,

"Estáis malgastando vuestros esfuerzos inútilmente. Daos cuenta de que una bola de sebo multicolor no puede luchar contra sí misma, a no ser que admitamos previamente la existencia en su núcleo de al menos dos fuerzas antagónicas neutralizando conscientemente la expresión de su dualidad, ¿es eso lo que sucede?".

En ese momento una mujer ataviada con peluca naranja y grandes gafas de sol que llevaba una bolsa de plástico de la que asomaba una barra de pan, dijo lo siguiente:

"Discúlpeme un momento señor educador, si no le importa me llevaré la bola a casa antes de que pierda viscosidad".

Como para dar más énfasis a sus palabras, abrió alegremente una pequeña portezuela alicatada de azulejos verde claro en una de las paredes adyacentes que parecía dar a una especie de fresquera, y sin dar más explicaciones introdujo la bola en el habitáculo, para lo cual le bastó con empujarla un poco hasta hacerla caer de la palangana y dirigir su rodadura con suaves palmaditas durante unos breves instantes.

25.9.11

SATURNIA ISABELAE


Acaso no haya sido más que una ilusión pasajera, pero sea como fuere aquello me estaba sucediendo a mí, o mejor dicho, me está sucediendo ahora mismo al traerlo a la memoria, el pasado pasado está, aunque quién puede saberlo...

Doce flores adornan la entrada, las he contado, qué curioso, pues yo nunca cuento las cosas, su número lo incluyo sin más como volumen y forma. Mas una de ellas es distinta, por eso me bastó contabilizar hasta 11 y después hasta 1, es decir que conté dos veces aunque la segunda casi no cuente.

Cuando después de muchas dudas decidí cruzar el umbral, me fijé en un detalle que hasta entonces me había pasado inadvertido: el olor de las dudas es muy parecido al dolor de las pupas, OD = DP,
o dicho de otra manera, la sangre sabe a peseta.

Suficiente por hoy, amigo, te quedarás en el umbral hasta que pase la noche, pues si la noche no pasa, al otro lado no hay nada.

La nada es como gris blanquecina y no hay suelo.
Muévete si quieres pero no notarás nada,
no hay referencias y menos aún una referencia fija,
¿a qué te refieres?

Quise en vano verte antes de tiempo,
"a su tiempo" me dijiste, acabo de recordarlo,
y yo te respondo: ¿al tiempo de quién?
¡yo quiero verte a mi tiempo!

Ahora sé (estoy sabiendo) que es imposible verte al tiempo de quien sea, ya que la única posibilidad está fuera del tiempo.

Hasta siempre.

26.5.11

EL CONSTRUCTOR DE SUEÑOS

Estoy aparcando en lo que parece la rampa de acceso al garaje de una casa, es de noche, por lo visto algún tipo de conversación con la mujer que está sentada a mi lado ha creado un estado de cierto desasosiego. Detengo el coche, la mujer (por quien siento una confusa simpatía) se baja, cierra la puerta con una determinación sorprendente, pasa por enfrente del coche, lo que obstruye momentáneamente los haces de luz de los faros, y se activan los sensores de proximidad del vehículo mecánico haciendo sonar una alarma intermitente. Exhalo un hondo suspiro y paro la música. La verdad es que estoy no saliendo del coche bastantemente.

De pronto, un pensamiento acude a mi mente: ¿qué demonios hace ese bebé jugando con una serpiente tricéfala a estas horas de la noche en mitad de la calzada? No parece haber nadie alrededor que cuide de él.

Me acerco y le digo esto:

“Hola chiquitín, ¿te has perdido?”, a lo que el bebé responde “cómo voy a perderme si yo nunca me he movido de aquí”, exhibiendo una notable locuacidad.

Y yo me pregunto con creciente inquietud: "¿qué es todo esto?”. Sin embargo, esta inquietud se disipa en cuanto caigo en la cuenta de que muy probablemente esté soñando…

Vale, y ya que estamos voy a probar cosas. Por ejemplo, me imagino un camino que va tomando forma con todos sus detalles a medida que lo imagino, un camino a través de un bosque, flores preciosísimas, árboles frondosos y saludables, mariposas impregnadas de las radiaciones de gemas, zafiros, topacios y esmeraldas, pájaros alegremente aleatorios, un enorme salto de agua que desciende de la gran montaña rompiendo la luz en multiversos cromáticos, la fresca y húmeda brisa que se siente como caricia en la cara, todas las fragancias de la Tierra Pura…

Una vez llegado a un claro en el bosque, me dejo ir y alzo el vuelo, un poco escorado hacia la derecha al principio aunque acabo estabilizándome tras dibujar un par de elipses en el aire. Decido aprovechar la situación e irme volando al Polo Norte a ver qué hay…

De pronto me hallo ante dos señores vestidos de negro que fuman un cigarro apoyados ambos en una puerta de acero como brotada del hielo, erguida en mitad de lo que creo que es el Polo Norte. Como no estoy del todo seguro, le pregunto a uno de ellos (son exactamente iguales así que miro hacia un punto indeterminado entre ellos).

—Hola, ¿sabrían decirme qué lugar es este?
—Sí que sabríamos, pero ¿no le interesaría saber si lo sabemos ahora?
—La verdad es que me interesaría mucho, aunque no se cuándo sería eso (la interesación).

Como no veo que el asunto pueda dar mucho más de sí, ajusto mi intención con el fin de introducirme directamente en el agujero polar, para ver si es cierto que ahí existe una entrada a las maravillosas regiones de Agartha...

Pero un pensamiento me asalta, o más bien una sensación, e incluso un sentimiento: ¿de verdad necesito verificar la existencia de algo para que este algo exista? Quizá aquí operen otras leyes, unas leyes no físicas, desde luego, o quizá no haya leyes sino una fluencia creativa continua donde todo es posible, probable e incluso manifestable sin la intervención del tiempo, una suerte de decurso vertical e instantáneo,
(en este mundo se acepta sin mayores problemas tal aparente contradicción entre la cualidad móvil del decurso y la ausencia de movimiento del aquí original), el punto donde todas las frecuencias afines entran en resonancia, la música de las esferas tal vez.

Escuchemos...

5.4.11

LOS PITIDOS EN LA CABEZA NO SON SEÑAL DE LOCURA

(Impresiones generales de una persona objetivamente normal tras dos semanas de reclusión en un sótano sin humedades: Anotaciones del Dr. Röegter, durante las vacaciones de Semana Santa).

"Y al fin y al cabo, ¿qué es la locura? Los pitidos en la cabeza los puede escuchar cualquiera que preste la atención debida, en muchos casos el festival de altas frecuencias es tan claramente audible que ni siquiera la atención es necesaria.

Me pregunto si habrá algún instrumento capaz de identificar las frecuencias exactas con el fin de estudiar en profundidad las derivaciones de este fenómeno, quizá un día de estos construya uno en el garaje.

METODO 1 PARA ESCUCHAR LOS PITIDOS DE LA CABEZA

Sentarse o tumbarse o mantenerse de pie cómodamente en una habitación silenciosa y escuchar atentamente cualquier señal acústica proveniente de los interiores de la caja cerebral (más adelante se orientará la escucha a los fluidos biológicos y eléctricos de otros lugares del cuerpo).

Enseguida irán apareciendo las primeras frecuencias. Es posible que cueste identificarlas al principio porque son muy agudas. Una referencia de cómo puede sonar eso, sería aproximadamente el zumbido de un televisor antiguo al encenderlo.


A continuación podrán escucharse más de cuatro frecuencias diferentes. Cada una de ellas, sin interferencias en su fluencia irán tomando preponderancia alternativamente en función de la postura o la atención del sujeto.


Contrariamente a la opinión general de que los pitidos en la cabeza son señales de locura y ya está, puedo sostener después de innumerables verificaciones (todo el mundo sin excepción dice que soy normal), que estas frecuencias acústicas son las responsables del sostenimiento de cierta configuración cerebral, o del pensamiento, o incluso de una particular estructuración molecular. Si esas frecuencias pudiesen ser afinadas, probablemente se producirían resultados asombrosos en las capacidades (e incapacidades) de los sujetos.

En cualquier caso, cada cual a su manera puede aprovechar estas frecuencias para hacer comprobaciones y experimentar acerca de la naturaleza de los pensamientos, de las emociones y del carácter, por citar ejemplos conocidos.

Quizá no sean otra cosa que una especie de huella dactilar acústica, o quizá se trate de una sintonización codificada, o aún de una instalación de procedencia desconocida..."

28.3.11

¿LAS PIPAS SON MADERA?

(Dedicado a Aurea y su maravillosa casa en espiral)

MODULO INFORMATIVO SOBRE VIVIENDAS SOSTENIBLES

Sí, era una pregunta sin la menor importancia, por comentar algo, no hace falta que me conteste hoy, señor, pero antes permítame limpiar el mantel (tan lleno de restos de comida recreativa), además los pájaros no creo que lleguen esta vez antes que las orugas. Ponga su casco encima de la mesa, y arrellánese a gusto en su balde de goma invertido, haré que nos traigan unas latas de huevas de cangreja de charca para hacer más amena la entrevista. ¿Desea alguna cosa más, señor supervisor de procesos horizontales?

Por cierto, al fin he podido seguir sus consejos acerca de la construcción de mi casa en las afueras. Gracias a la gran determinación que sus sugerencias provocaron en mí, logré recoger mil toneladas de cáscaras de pipas de la playa de Torrenueva. Lo único que dificultó la operación fue la contratación del camión y su conductor, ya que a parte de su elevado coste, fueron necesarios muchos viajes, casi todos ellos al baño debido a la continua indisposición del camionero quien había sido recientemente operado sin éxito de sedimentaciones. Su familia decidió no acompañarlo en los viajes a la playa porque les daba un poco de asco acarrear los baldes de drenaje, dejándome por tanto a mí a cargo de tal actividad.

La máquina de drenado además no funcionaba bien, así que tuve que ingeniármelas para extraer manualmente todos los restos orgánicos adheridos al saco rectal (rascando con una espátula de emplastes) en los escasos ratos libres de que disponía, pues dadas los frecuentes quebrantos del camionero no tuve más remedio que encargarme yo mismo del filtrado de cáscaras, limpieza y posterior llenado de los depósitos del camión.

Y no es que me molestara cuidar de ese hombre ni mucho menos, sino que estos cuidados requerían una gran dedicación por mi parte, así que le habilité una cama entre la caja y el chasis del camión para tenerlo vigilado durante las labores de carga y descarga, y en el resto de labores le instalaba en un camastro dentro de una carretilla, lo que me permitía una movilidad bastante aceptable.

Tan sólo una consulta más señor, y no es que me queje ni mucho menos, pues a estas alturas el trabajo ya está casi finalizado a falta de encontrar un carpintero sano que se ocupe de la construcción de la casa. Espero que no me malinterprete creyendo que no le creo, pero las pipas son madera, ¿verdad? No hace falta que me conteste hoy.

12.3.11

NOSOTROS


Hemos pensado que estaremos muy contentos con cualquier decisión que tomes a partir de ahora, siempre que haya crías.