14.6.09

VIDA SOBRE EL SUELO MÁS PRÓXIMO


¡Bestia! —exclamó con vehemencia (indistinguible del enfado doméstico común)— ¡Acabas de generar un “pool hole” en el cajón de la cubertería de los días festivos! Ahora tendremos que comer bajo tierra los domingos. A mí no me importa, pero sé que prefieres hacer vida sobre el suelo y eso me preocupa. Cuánto mejor sería que olvidases esas menudencias estacionarias y te entregases a la gloria doméstica, ese cielo callado de los tranquilos de estómago, ¿crees que podrás aplacar al menos temporalmente tus asilvestradas propensiones? Una cosa sí es cierta: yo no he introducido un “pool hole” en el cajón de la cubertería de los días festivos, estás metiendo la manga en el plato.

—Es cierto en ti todo eso que dices, pero añadiría que, en general, tú nunca has sido yo, con lo cual el único responsable de ser yo, soy yo. He aquí el gran pecado original doméstico que tiene su origen en un lamentable error de apreciación, ¿me pasas el vino?

—A mí también me gustaría ir desestructurando esquinas de mármol por las cocinas como haces tú, pero para tal fin sólo puedo valerme de la impremeditada acción del rayo, que en la mayoría de los casos sucede de forma tan fortuita que me pilla en ausencia de atención. Creo que tomaré postre.

—A mí me gustaría ser tú para hacer todo el rato lo que haces tú de la manera más natural, pero bastante tengo con atender a mi propia naturaleza. Quiero decirte sin embargo, que estaré encantado de acompañarte a comer los domingos bajo el suelo más próximo, pues si tu me invitas a entrar en tu realidad, yo te doy mi permiso de la misma manera que tu me diste el tuyo para entrar en la mía. Voy a hacer café.

29.5.09

ALEGRÍA


También puede suceder que el tiempo se acabe aquí.

25.5.09

SUPER NORMAL EN LA ZAPATERÍA


—Buenos días caballero, ¿qué desea?
—Unas botas de agua con retén superior ajustable.
—Lo siento, de esas ya no tenemos, ¿ahora me querrá un poco menos?
—No se preocupe, le querré tan poco menos que usted ni lo notará.
—Sí, sí que lo notaré...
—No, la diferencia será verdaderamente inapreciable, créame, pues esa diferencia apenas posee dimensión alguna.
—Pero se da la circunstancia de que soy extremadamente sensible. Le contaré una historia:

Un día, durante un espectáculo de magia camp hicieron desaparecer a mi acompañante, e incluso se llevaron a continuación el asiento que ocupaba. Tras la representación decidí esperar al mago a la salida para pedirle explicaciones, pues sentía mucha tristeza al pensar que regresaría solo a casa. El mago no apareció hasta un buen rato después. Salió por una puerta lateral vestido de calle y sin bigote. En su mano derecha llevaba unas flores y con la izquierda tiraba de un carrito tapado con lonas. Caminaba con lentitud y aparentaba cansancio. Me acerqué hasta él y le dije: “Has hecho eso”, a lo que el mago repuso “sí, es cierto, he hecho eso que dices”. “Entonces deja de hacer eso, por favor”, dije yo, y el mago respondió que sí, que no me preocupase, que “ya le devolveré su anexo biológico en cuanto logre recordar el sortilegio de retroceso”, y añadió: “si me disculpa, ahora no me encuentro muy bien, necesito descansar y además mañana salgo temprano de viaje y no vuelvo hasta dentro de un par de semanas”.

Y así fue, el mago regresó al cabo de dos semanas y me devolvió a mi acompañante quien traía muy buen aspecto, pues como pude observar todos sus eccemas habían desaparecido, ya no cojeaba, y había dejado de emitir penetrantes silbidos al respirar, lo que me hizo pensar que al menos había estado bien alimentado. “A partir de ahora sólo lo sacaré de la caja en ocasiones muy especiales”, decidí sin embargo.

—Sí, no cabe duda, es usted muy sensible.
—Además le he hecho unos cuantos agujeros para que respire mejor, qué le parece.
—Bueno, pues como es usted tan sensible ya le vuelvo a querer igual que al principio.
—Gracias, le prometo que si alguna vez veo por ahí esas botas correré a decírselo y me permitiré disfrutar abierta y prolongadamente de esa extraña mezcla entre goma, tela gruesa y plástico mientras se lo ofrezco como artículo preferente. Sin embargo me gustaría que aclarase si ese retén adaptativo resulta tan efectivo como para justificar la más que sensible diferencia de precio con respecto al artículo original, es decir, con respecto a unas botas de agua normales.

18.5.09

EN TIERRA DE NADIE


Después de quemar las naves tras de sí, partió hacia lo que por aquél entonces le pareció el lugar más hermoso posible. Y ahora que se encuentra en tierra de nadie, se pregunta si a pesar de todo sigue siendo propicia la perseverancia.


“Sí, he de perseverar hasta la consumación del propósito”, se repetía innumerables veces, “aunque tal tránsito llegue a parecerme el estado natural”.

Sin embargo, vivir en tierra de nadie durante tanto tiempo llegó a resultarle una experiencia tan desoladora que su convicción inicial declinó hasta los niveles de la abulia, lo que le sumió en un sueño aún más profundo…

—¡Despierte señor Ortz! ¡Tiene que ver esto!

Pero Ortz permanece dormido y en un principio no ve esto.

—¡Señor Ortz, sepa que la baba que recubre su cuello va a terminar ahogándole en cuanto se seque! ¡Le ruego que se despierte antes de que sea demasiado tarde!

Ante la insistencia del asistente afectivo, Ortz despierta:

—De acuerdo voy a ver esto.

ESTO

Una cucharilla de postre se mantiene suspendida en el aire a los pies de la cama, girando sobre su propio eje e incrementando por este motivo los niveles de electromagnetismo del dormitorio. Ortz exclama:

“Vaya, todo es cierto, en verdad era propicia la perseverancia”.

7.5.09

SEÑORES DE LAS ESTRELLAS


Ahora que vuestra presencia está fuera de toda duda, (no hay más que veros), observo cuán curioso es el funcionamiento de la mente, lo cual es todo lo que puede saberse acerca de la mente. ¿Esto ha sido creación vuestra, o se ha ido conformando sobre la marcha?

5.5.09

SOBRE MASCOTAS DOMESTICAS


Por ejemplo casi nadie sabe que el huevo es un animal que puede resultar particularmente agresivo bajo ciertas condiciones de estrés.
Se han aportado pruebas.

Prueba 15

“Estaba con mi hermana en la cocina.
Teníamos 14 años. Yo dije:


—Vamos a freír un huevo.
—Sí.

Calentamos una sartén llena de aceite durante mucho tiempo hasta que comenzó a salir un humo gris muy denso. Mi hermana dijo:

—Yo creo que ya se ha calentado suficientemente, ¿no?
—Espera un poco más, creo que tienen que salir burbujitas, y todavía no ha salido ninguna.

Mi hermana tenía sujeto el huevo entre los dedos a una altura que coincidía con la máxima extensión de sus brazos alzados.

—¿Ya?
—Todavía no, enseguida.

De pronto emerge lentamente del aceite una burbuja que prácticamente cumplía el diámetro de la sartén:

—¡Suelta el huevo, suéltalo ya!

Mi hermana suelta el huevo, el cual al llegar a media altura (unos 30 centímetros de la sartén) y tras una breve e intensa explosión hueca se transforma en una entidad negra que se mantiene suspendida en el aire unos instantes rodando sobre sí misma en creciente aceleración antes de salir disparada hacia las paredes y el techo, rebotando con todo, silbando, lanzando fogonazos, y tratando de alcanzarnos con cierta obstinación en los ojos. Salimos corriendo y nos escondimos detrás de la cortina de la bañera. A partir de entonces hemos dejado de relacionarnos con huevos vivos”.

28.4.09

LA BOLSA OLVIDADA


(Extracto de las memorias de un conocido de Perry Como mientras transitaba por esta realidad).

“Un día me encontré una bolsa en un parque.
Esto había en ella:

una cucharilla de café
un guante de cuero marrón
seis mil dólares
un llavero sin llaves
una foto de un lugar exótico
un clinex propendiendo al gris
un libro
un estuche cilíndrico de palo santo vacío
migas de galleta
un cuchi cuchi

Concentrado como estaba en el asunto no me apercibí de la presencia de una niña que comía un helado justo detrás de mí. Esto dijo:

—¿Puedo tocar el cuchi cuchi?

Le respondí que sí y se puso tan contenta que me regaló una diminuta pegatina con el dibujito de un delfín.

—Llévate el cuchi cuchi si lo quieres, es tuyo.
—Tata gugu.
—¿Qué?
—Tata gugu”.