16.2.12

DR. HOUSE, O LA VENERACIÓN DEL AGUAFIESTAS


Extracto del discurso de presentación del nuevo Curso de Cerámica Consciente (CCC) a cargo de la profesora Asunción Laverne.

'La filosofía del Dr. House, según una reciente publicación se podría resumir en lo siguiente: "Todos mienten". Pero por alguna suerte de descuido olvidaron añadir "incluido quien así lo afirma".

De ser cierta esa presunción, nos hallaríamos ante lo más parecido a la certeza definitiva de que decir la verdad no es posible, pues nada de lo que pueda decirse es cierto. Lo cual constituiría una verdad otra, probablemente la única: todo el mundo miente sin excepción. Al menos habría algo a lo que agarrarse, si tal fuese el propósito (agarrarse a algo).

Por otro lado, de ser cierto que todo el mundo miente, incluido quien así lo afirma (el Dr. House), no habría manera de saber si este mentimiento es verdadero, pues ¿como va a ser cierto lo que dice un mentiroso?

La debilidad humana tiene estas cosas, se prefiere venerar a un aguafiestas en lugar de examinar la realidad por uno mismo. A continuación el bedel os hará entrega de los baldes de arcilla para que podáis ir definiendo y materializando las ideas expuestas.'

4.2.12

HISTORIA DE UN DESPROPÓSITO


Jeremías entró en la sala de reuniones para cerrar el negocio, y repentinamente se sintió hosco, renuente y zafio. Esto dijo desde el extremo occidental de la larga mesa:

“Por mí, pueden echar todos esos papeles a los cerdos y después sodomizarse con sus bolígrafos”, y acto seguido se encendió un habano dedicándose a la contemplación de la ciudad a través del ventanal del despacho.

Los hermanos Zuloaga, los chinos, los rusos, la mujer alemana y sus respectivos abogados, quizá un tanto perplejos ante tal declaración se remueven en los asientos, carraspean y fruncen los ceños.

Finalmente, la mujer alemana revisa algún pliegue en la media de su pierna izquierda tal como si hubiese descubierto un insecto tropical hablando por teléfono, y se dirige a su interlocutor en los siguientes términos:

“Tal vez no se ha dado cuenta de un pequeño detalle, señor Jeremías: su bigote está empezando a desprenderse. Lo más seguro es que la mezcla química del pegamento no esté funcionando correctamente. ¿Puedo preguntarle con qué laboratorio trabaja habitualmente?”.

Pero ya era demasiado tarde, Jeremías se estaba tirando por la ventana. Y cuando decimos “se estaba tirando por la ventana” nos referimos a eso mismo: el acto de tirarse se estaba llevando a cabo de forma continua, quedando por tanto aplazada permanentemente la caída final.

Los asistentes corrieron hacia el ventanal y miraron un rato al vacío. El cuerpo de Jeremías se hallaba en suspensión aérea, a unos metros del edificio. Todo parecía indicar que efectivamente estaba cayendo, aunque de manera inconclusa.

Después, mucho más despacio, regresaron a sus asientos y quedaron un buen rato observando silenciosamente los bolígrafos que aparecían dispuestos ordenadamente sobre la mesa.

La verdad, todo hay que decirlo, es que la forma de los bolígrafos parecía especialmente indicada para llevar a cabo todo tipo de actividad sexual.

12.1.12

DE CÓMO PUDO LLEGAR ESE CUERPO HASTA TAN ARRIBA. (SUPER RARA MOSTRANDO LA SALIDA)


Anotaciones en un cuaderno que alguien se dejó sobre el mostrador de una tienda de ropa y que no volvió a recogerlo.

"De pronto me entraron ganas de salir de allí.

Caminé por pasillos, atravesé despachos, cuartos de baño, recepciones, almacenes, salas de máquinas, expendedores, salidas de aire, viviendas de animales, guardarropas, cogí ascensores, cambié de niveles, experimenté diferentes temperaturas y olores y al fin salí por la última puerta cuya placa decía: SALIDA DE EMERGENCIA. Por alguna razón no consigo salir de un edificio empresarial por la salida normal. No importa (pues se da la circunstancia de que llevo torta).

Al cerrar la puerta tras de mí, se hizo un tranquilizador silencio. Prosigo. Después de un estrecho corredor accedo a una rampa que me lleva hasta el último tramo antes de llegar a la puerta de seguridad que da a la calle. Me detengo un momento para disfrutar de la singular atmósfera del lugar. Huele un poco a cerrado, pero no es un olor que moleste, sino que resulta agradablemente familiar. Me remonta a los escenarios misteriosos de la niñez, cuando me escondía detrás de los aparadores de las casas de los abuelos, o cuando me resguardaba en un garaje hasta que pasase la tormenta, o cuando exploraba edificios industriales abandonados, o cuando me metía en la cabina de una grúa y cerraba la puerta y las ventanas con el fin de sentirme menos vulnerable a las injerencias exógenas.

Así que me encontraba allí, en una especie de útero de cemento y metal, con escasa luminosidad, observando las paredes grises y las tuberías de ventilación, esos desnudos y elongados habitantes que reptan por los techos hasta perderse en los agujeros.

También pude ver una escalera que subía hasta una portezuela metálica del tamaño de un radiador de coche. No me dieron ganas de subir.

Mi mirada vagaba por los grises y pardos de las paredes cuando observé en una de ellas una protuberancia geométricamente cuba en cuyo centro destacaba un enorme botón rojo.

En general no tengo curiosidad por pulsar botones rojos. Además en ese lugar me sentía en paz y quería seguir así un buen rato (mis ganas de salir a la calle se apaciguaron bastante), no era cuestión de pulsar ningún botón ajeno, y mucho menos rojo.

Y no es que me haya pasado nunca nada gordo tras pulsar ningún botón rojo, ni he conocido a nadie que haya padecido por tal motivo ninguna desgraciada consecuencia, pero por alguna razón siempre me he sentido un poco intimidado en presencia de un botón rojo, y más aún si está situado en el centro de un cajetín cúbulo.

Sea como fuere, acabé por pulsarlo sin más."

21.10.11

BEBÉ JOHNSON AL DESCUBIERTO


—Buenas tardes, ¿está el señor de la casa?

—El señor de la casa soy yo, pues se da la circunstancia de que ésta es una casa y yo, como puede ver, soy el señor que está en ella, ¿es eso a lo que se refiere?

—Bueno, más bien me refiero a si está un señor en esta casa, es decir, si es usted el señor que está estando en esta casa. No es que dude de usted, pero tengo que hablar con alguien que sea realmente un señor, al menos en esta casa. De no ser así, nada de todo esto tendría sentido, o si lo prefiere, perdería todo lo que tengo en el maletero de mi coche.

—Y ¿cómo podría ayudarle? Tal vez pueda servirle de prueba que le enseñe cómo me apoyo en un mueble mientras hablamos, que es por cierto lo que estoy haciendo desde su llegada.

—Si se refiere a la pequeña mesita de muñecas que hay tras sus zapatos, la verdad es que no me acaba de convencer, ¿podría mostrarme alguna otra prueba? Se lo ruego.

—Sí, a ver qué le parece ésta:

Y en ese momento le enseña el carnet de socio del Club de Veteranos de Calderería Recreativa al tiempo que se ajusta el nudo de la corbata con un par de muecas basculantes.

—Vaya, esto sí que me convence... ¡muchas gracias señor!, mi mensaje es el siguiente:

"¿No habrá visto por casualidad a un bebé gateando por los pasillos?"

—No he visto eso que dice, pero le diré lo que sí he visto:

HE VISTO UN BUSANO.

9.10.11

UN PEQUEÑO MALENTENDIDO


Llegado de la zona más aislada de los garajes, muy cerca de los palomares, el modelador de voluntades A. G. Pábulo oficiaba admoniciones y soflamas en lo alto de una nevera girada.

Según pensó, era un lugar lo suficientemente seguro como para propiciar el modelado colectivo planeado, lo que al mismo tiempo le permitía mantenerse fuera del alcance de los agravios, pues tal como había observado, el temor a la electrocución que despiertan las neveras giradas es ampliamente conocido.

Había también, por si acaso, un foso casero lleno de material biológico fallido rodeando el electrodoméstico con el fin de desalentar a los más vehementes.

Ese día el modelador A.G. Pábulo quiso señalar a dos contendientes para que pusieran a prueba sus voluntades luchando ante la concurrencia. Para ello escupió dos veces.

Los adversarios una vez señalados, son envueltos en mantas y correas para a continuación ser acarreados en baldes desde el fondo del pasillo. La operación está a cargo de tres operarios, uno de los cuales dirige las maniobras y marca el ritmo adecuado.

Entonces suena un silbato, son desembalados y fumigados y, tras un breve escrutinio personal a cargo del oficiante (que usa varillas) son introducidos semidesnudos en una enorme palangana azul a modo de ring, dispuesta en el centro de la cocina. Este recipiente es zarandeado pertinazmente por los asistentes más atribularios con el fin de azuzar a los contendientes señalados quienes ya tienen bastante con intentar apartarse el uno del otro. La energía refractaria, aun siendo máxima, no es suficiente para separarlos. Ni siquiera utilizando palos y escambrelas pudo obtenerse un resultado diferente: los contendientes acaban formando una esfera sin fisuras.

"¡Basta!", gritó el oficiante,

"Estáis malgastando vuestros esfuerzos inútilmente. Daos cuenta de que una bola de sebo multicolor no puede luchar contra sí misma, a no ser que admitamos previamente la existencia en su núcleo de al menos dos fuerzas antagónicas neutralizando conscientemente la expresión de su dualidad, ¿es eso lo que sucede?".

En ese momento una mujer ataviada con peluca naranja y grandes gafas de sol que llevaba una bolsa de plástico de la que asomaba una barra de pan, dijo lo siguiente:

"Discúlpeme un momento señor educador, si no le importa me llevaré la bola a casa antes de que pierda viscosidad".

Como para dar más énfasis a sus palabras, abrió alegremente una pequeña portezuela alicatada de azulejos verde claro en una de las paredes adyacentes que parecía dar a una especie de fresquera, y sin dar más explicaciones introdujo la bola en el habitáculo, para lo cual le bastó con empujarla un poco hasta hacerla caer de la palangana y dirigir su rodadura con suaves palmaditas durante unos breves instantes.

25.9.11

SATURNIA ISABELAE


Acaso no haya sido más que una ilusión pasajera, pero sea como fuere aquello me estaba sucediendo a mí, o mejor dicho, me está sucediendo ahora mismo al traerlo a la memoria, el pasado pasado está, aunque quién puede saberlo...

Doce flores adornan la entrada, las he contado, qué curioso, pues yo nunca cuento las cosas, su número lo incluyo sin más como volumen y forma. Mas una de ellas es distinta, por eso me bastó contabilizar hasta 11 y después hasta 1, es decir que conté dos veces aunque la segunda casi no cuente.

Cuando después de muchas dudas decidí cruzar el umbral, me fijé en un detalle que hasta entonces me había pasado inadvertido: el olor de las dudas es muy parecido al dolor de las pupas, OD = DP,
o dicho de otra manera, la sangre sabe a peseta.

Suficiente por hoy, amigo, te quedarás en el umbral hasta que pase la noche, pues si la noche no pasa, al otro lado no hay nada.

La nada es como gris blanquecina y no hay suelo.
Muévete si quieres pero no notarás nada,
no hay referencias y menos aún una referencia fija,
¿a qué te refieres?

Quise en vano verte antes de tiempo,
"a su tiempo" me dijiste, acabo de recordarlo,
y yo te respondo: ¿al tiempo de quién?
¡yo quiero verte a mi tiempo!

Ahora sé (estoy sabiendo) que es imposible verte al tiempo de quien sea, ya que la única posibilidad está fuera del tiempo.

Hasta siempre.

26.5.11

EL CONSTRUCTOR DE SUEÑOS

Estoy aparcando en lo que parece la rampa de acceso al garaje de una casa, es de noche, por lo visto algún tipo de conversación con la mujer que está sentada a mi lado ha creado un estado de cierto desasosiego. Detengo el coche, la mujer (por quien siento una confusa simpatía) se baja, cierra la puerta con una determinación sorprendente, pasa por enfrente del coche, lo que obstruye momentáneamente los haces de luz de los faros, y se activan los sensores de proximidad del vehículo mecánico haciendo sonar una alarma intermitente. Exhalo un hondo suspiro y paro la música. La verdad es que estoy no saliendo del coche bastantemente.

De pronto, un pensamiento acude a mi mente: ¿qué demonios hace ese bebé jugando con una serpiente tricéfala a estas horas de la noche en mitad de la calzada? No parece haber nadie alrededor que cuide de él.

Me acerco y le digo esto:

“Hola chiquitín, ¿te has perdido?”, a lo que el bebé responde “cómo voy a perderme si yo nunca me he movido de aquí”, exhibiendo una notable locuacidad.

Y yo me pregunto con creciente inquietud: "¿qué es todo esto?”. Sin embargo, esta inquietud se disipa en cuanto caigo en la cuenta de que muy probablemente esté soñando…

Vale, y ya que estamos voy a probar cosas. Por ejemplo, me imagino un camino que va tomando forma con todos sus detalles a medida que lo imagino, un camino a través de un bosque, flores preciosísimas, árboles frondosos y saludables, mariposas impregnadas de las radiaciones de gemas, zafiros, topacios y esmeraldas, pájaros alegremente aleatorios, un enorme salto de agua que desciende de la gran montaña rompiendo la luz en multiversos cromáticos, la fresca y húmeda brisa que se siente como caricia en la cara, todas las fragancias de la Tierra Pura…

Una vez llegado a un claro en el bosque, me dejo ir y alzo el vuelo, un poco escorado hacia la derecha al principio aunque acabo estabilizándome tras dibujar un par de elipses en el aire. Decido aprovechar la situación e irme volando al Polo Norte a ver qué hay…

De pronto me hallo ante dos señores vestidos de negro que fuman un cigarro apoyados ambos en una puerta de acero como brotada del hielo, erguida en mitad de lo que creo que es el Polo Norte. Como no estoy del todo seguro, le pregunto a uno de ellos (son exactamente iguales así que miro hacia un punto indeterminado entre ellos).

—Hola, ¿sabrían decirme qué lugar es este?
—Sí que sabríamos, pero ¿no le interesaría saber si lo sabemos ahora?
—La verdad es que me interesaría mucho, aunque no se cuándo sería eso (la interesación).

Como no veo que el asunto pueda dar mucho más de sí, ajusto mi intención con el fin de introducirme directamente en el agujero polar, para ver si es cierto que ahí existe una entrada a las maravillosas regiones de Agartha...

Pero un pensamiento me asalta, o más bien una sensación, e incluso un sentimiento: ¿de verdad necesito verificar la existencia de algo para que este algo exista? Quizá aquí operen otras leyes, unas leyes no físicas, desde luego, o quizá no haya leyes sino una fluencia creativa continua donde todo es posible, probable e incluso manifestable sin la intervención del tiempo, una suerte de decurso vertical e instantáneo,
(en este mundo se acepta sin mayores problemas tal aparente contradicción entre la cualidad móvil del decurso y la ausencia de movimiento del aquí original), el punto donde todas las frecuencias afines entran en resonancia, la música de las esferas tal vez.

Escuchemos...

5.4.11

LOS PITIDOS EN LA CABEZA NO SON SEÑAL DE LOCURA

(Impresiones generales de una persona objetivamente normal tras dos semanas de reclusión en un sótano sin humedades: Anotaciones del Dr. Röegter, durante las vacaciones de Semana Santa).

"Y al fin y al cabo, ¿qué es la locura? Los pitidos en la cabeza los puede escuchar cualquiera que preste la atención debida, en muchos casos el festival de altas frecuencias es tan claramente audible que ni siquiera la atención es necesaria.

Me pregunto si habrá algún instrumento capaz de identificar las frecuencias exactas con el fin de estudiar en profundidad las derivaciones de este fenómeno, quizá un día de estos construya uno en el garaje.

METODO 1 PARA ESCUCHAR LOS PITIDOS DE LA CABEZA

Sentarse o tumbarse o mantenerse de pie cómodamente en una habitación silenciosa y escuchar atentamente cualquier señal acústica proveniente de los interiores de la caja cerebral (más adelante se orientará la escucha a los fluidos biológicos y eléctricos de otros lugares del cuerpo).

Enseguida irán apareciendo las primeras frecuencias. Es posible que cueste identificarlas al principio porque son muy agudas. Una referencia de cómo puede sonar eso, sería aproximadamente el zumbido de un televisor antiguo al encenderlo.


A continuación podrán escucharse más de cuatro frecuencias diferentes. Cada una de ellas, sin interferencias en su fluencia irán tomando preponderancia alternativamente en función de la postura o la atención del sujeto.


Contrariamente a la opinión general de que los pitidos en la cabeza son señales de locura y ya está, puedo sostener después de innumerables verificaciones (todo el mundo sin excepción dice que soy normal), que estas frecuencias acústicas son las responsables del sostenimiento de cierta configuración cerebral, o del pensamiento, o incluso de una particular estructuración molecular. Si esas frecuencias pudiesen ser afinadas, probablemente se producirían resultados asombrosos en las capacidades (e incapacidades) de los sujetos.

En cualquier caso, cada cual a su manera puede aprovechar estas frecuencias para hacer comprobaciones y experimentar acerca de la naturaleza de los pensamientos, de las emociones y del carácter, por citar ejemplos conocidos.

Quizá no sean otra cosa que una especie de huella dactilar acústica, o quizá se trate de una sintonización codificada, o aún de una instalación de procedencia desconocida..."

28.3.11

¿LAS PIPAS SON MADERA?

(Dedicado a Aurea y su maravillosa casa en espiral)

MODULO INFORMATIVO SOBRE VIVIENDAS SOSTENIBLES

Sí, era una pregunta sin la menor importancia, por comentar algo, no hace falta que me conteste hoy, señor, pero antes permítame limpiar el mantel (tan lleno de restos de comida recreativa), además los pájaros no creo que lleguen esta vez antes que las orugas. Ponga su casco encima de la mesa, y arrellánese a gusto en su balde de goma invertido, haré que nos traigan unas latas de huevas de cangreja de charca para hacer más amena la entrevista. ¿Desea alguna cosa más, señor supervisor de procesos horizontales?

Por cierto, al fin he podido seguir sus consejos acerca de la construcción de mi casa en las afueras. Gracias a la gran determinación que sus sugerencias provocaron en mí, logré recoger mil toneladas de cáscaras de pipas de la playa de Torrenueva. Lo único que dificultó la operación fue la contratación del camión y su conductor, ya que a parte de su elevado coste, fueron necesarios muchos viajes, casi todos ellos al baño debido a la continua indisposición del camionero quien había sido recientemente operado sin éxito de sedimentaciones. Su familia decidió no acompañarlo en los viajes a la playa porque les daba un poco de asco acarrear los baldes de drenaje, dejándome por tanto a mí a cargo de tal actividad.

La máquina de drenado además no funcionaba bien, así que tuve que ingeniármelas para extraer manualmente todos los restos orgánicos adheridos al saco rectal (rascando con una espátula de emplastes) en los escasos ratos libres de que disponía, pues dadas los frecuentes quebrantos del camionero no tuve más remedio que encargarme yo mismo del filtrado de cáscaras, limpieza y posterior llenado de los depósitos del camión.

Y no es que me molestara cuidar de ese hombre ni mucho menos, sino que estos cuidados requerían una gran dedicación por mi parte, así que le habilité una cama entre la caja y el chasis del camión para tenerlo vigilado durante las labores de carga y descarga, y en el resto de labores le instalaba en un camastro dentro de una carretilla, lo que me permitía una movilidad bastante aceptable.

Tan sólo una consulta más señor, y no es que me queje ni mucho menos, pues a estas alturas el trabajo ya está casi finalizado a falta de encontrar un carpintero sano que se ocupe de la construcción de la casa. Espero que no me malinterprete creyendo que no le creo, pero las pipas son madera, ¿verdad? No hace falta que me conteste hoy.

12.3.11

NOSOTROS


Hemos pensado que estaremos muy contentos con cualquier decisión que tomes a partir de ahora, siempre que haya crías.

6.3.11

BOQUERONES EN ALMIBAR


“Avanzo a través de los pardos ambientales,

el suelo está pulido,

hay una vasta extensión de este suelo,

los laterales y el techo conforman junto con el pulido y vasto suelo una habitación considerablemente espacial…

de vez en cuando pasan máquinas con personas subidas,

sus caras expresan tranquilidad,

me pregunto si quiero café, regalo o revista,

veo a una señora con la que he venido coincidiendo toda la mañana en el aeropuerto, se descalza de un zapato, algo le molesta, apoya una mano en el cristal de la farmacia, había un huevo dentro, un bebé subido a la lámpara del vestíbulo llora intermitentemente, desde el puesto de información dos policías discuten con un fontanero militar que por lo visto se estaba llevando las tuberías conectadas al radiador general “para mirarlas a la luz”,

etc”.

De pronto cambio el rumbo y me dirijo al aseo porque:

quiero cambiarme de ropa,

y limpiarme las migas de la espalda,

y sentarme tranquilamente sin que nadie me mire
(tengo dos cabezas)

qué?

a. que tengo dos cabezas

b. y por qué no me dijiste nada?

a. porque no me lo preguntaste

b. no creí que fuese necesario

Y sucedió que en ese preciso instante la matriz mutó una vez más su estructura creando una glóbula interdimensional.

Nuevamente me hallé en un paraje campestre como de cuento, dando un paseo a la orilla de lo que parecía un río, si no fuese porque su agua era de un vivo color naranja tornasolado. La vegetación era al tiempo familiar y desconocida, los campos de hierba violeta invitaban a revolcarse en ellos…

Pero me pregunté que clase de bichos podrían acaso habitar estos parajes, y este pensamiento me obligó a reconsiderar mi confianza inicial.

Y sucedió que al cabo de un rato me vi ante un organismo biológico que, para definir de una manera rápida aunque rudimentaria, constituía una mezcla entre rana y bogavante con las proporciones de una oveja adulta. Presentaba su conjunto un color azul eléctrico con iridiscencias amarillas, tenía varios pelos con terminaciones en espiral en el lomo y proyectaba una pequeña imagen holográfica de sí mismo a unos cincuenta centímetros de su hocico.

Me acerqué a tocarlo con el fin de comunicarme con él pero al llegar a su emplazamiento perdí el entendimiento cotidiano para verme repentinamente tirado sobre un charco en mitad de la acera durante un día lluvioso con gente pasando a gran velocidad que me echaba monedas a los ojos.

Todo había sido un sueño —pensé con cierta decepción—, ahora recuerdo perfectamente la goitibera de carreras que me arrolló después de bajar del autobús número 911 cuyo conductor cantaba los principios de todas las canciones conocidas de la historia sin parar un solo instante…

Y sin embargo desperté de nuevo, ahora me encontraba en la barra de un bar diciendo a un camarero lo siguiente:

—Buenos días, quisiera una ración de boquerones en almíbar.

—Eso es un postre.

—Sí.

—¿Entonces qué quiere de primero y segundo plato?

—Sólo quiero postre.


Se diría que todo era mucho más normal de lo que había soñado hasta entonces,

pero ocurrió que desperté otra vez…

y otra…

hasta que me di cuenta de que no había manera de no soñar,

y concluí que el estado de vigilia es otro sueño.

16.2.11

UN MUY BUEN MUEBLE PARA UN HOMBRE VIRTUOSO


Registro aleatorio de un pertinaz proceso de pensamiento a partir de la programación básica. Muestreo Nº 11.015

"Un buen amigo del familiar de un amigo mío, que por cierto ha coincidido ser mi tío Esteban, decidió regalarme un enorme artefacto encontrado recientemente en el sótano de su casa que según indicó, “hace las veces de paragüero y perchero principal”.

Tal como me confesó, durante las últimas visitas mi tío había estado considerando silenciosamente la conveniencia de rellenar con un buen mueble el hueco zen que yo había dejado conscientemente al lado de la puerta de entrada (con el fin de permitir que circule el aire en ese lugar tan dado al tránsito de objetos y organismos), a parte de contribuir a resolver ornamentalmente la zona, y finalmente concluyó que el mueble del sótano cumplía todos los requisitos.

Como quizá sea común en estos casos, recibí el obsequio con la mayor gratitud, dejando para otro momento la valoración de ese acto, y acudí enseguida a instalarlo en el lugar referido (lo que nunca he conseguido del todo).

Aquél día daba una pequeña fiesta en casa, así que realicé una instalación temporal del mueble usando correas, calzadores y grapas navales, y tras dar un par de pasos atrás a fin de observar el resultado con mayor perspectiva, se aprobó por unánime consentimiento la conveniencia de aquella nueva disposición mobiliaria. A continuación saqué embutidos, un par de latas de paté de huga, y vino.

La ropa de los invitados hubo que dejarla encima de una cama ante la precaria estabilidad del tabique donde estaba emplazado el perchero/paragüero, y la cantidad de yeso que empezaba a caer del techo. Con el propósito de paliar estos efectos indeseados y equilibrar la instalación, llené el recipiente paragüero con ladrillos y objetos pesados, a causa de lo cual la estructura acabó cediendo un tercio de su verticalidad, quedando las perchas prácticamente apoyadas en la puerta de entrada. El problema pareció estar provisionalmente resuelto y continuamos con la fiesta. Al terminar la fiesta se fueron todos diciéndome lo bonito que había quedado el mueble.

PASA ALGO DE TIEMPO

Después de una larga temporada entrando en casa por la ventana del baño (nada dura tanto como lo provisional) decidí sellar la entrada principal e hice construir un habitáculo de aluminio para contener la creciente inclinación del mueble, y un ventanal de metacrilato a través del cual se le podía seguir contemplando, a pesar del poco uso que se hacía ya del recibidor.

Pero a decir verdad, y examinando con detenimiento mis emociones, llegué a la conclusión de que mi vida era un poquito más triste desde la entrada de ese mueble en mi casa, pues ya apenas recibía visitas y la mayor parte del tiempo lo dedicaba al mantenimiento del artefacto, impulsado por algún tipo de obligación moral. Poco más tarde, con el fin de unificar mis tareas domésticas, trasladé mi despacho y el dormitorio al recibidor y apagué todas las luces excepto un pequeño foco que permitía ver en todo momento el mueble…

Muchas veces me he preguntado por qué no devolví el regalo, o por qué no lo entregué a alguna institución benéfica, o sencillamente por qué no me deshice de él a la menor oportunidad. Sin embargo, las respuestas siempre eran las mismas:

1. Porque no quería agraviar a mi tío, con todo lo que hace por mí.

2. Por que no quería parecer un desagradecido en general.

3. Porque los demás siempre saben mejor que yo lo que me conviene.

4. Porque realmente necesito un perchero/paragüero aunque al principio no sepa verlo.

5. Porque a caballo grande no se le mira el diente (?).

6. Porque todavía no lo he instalado del todo, así que mi obligación es al menos cuidarlo y mirarlo con frecuencia.

Y aquí me ven, cumpliendo con mi deber, honrando a todos los que no son yo, esperando a que lleguen tiempos más felices en los que este pequeño malentendido quede milagrosamente disuelto.

Ahora que por fin vivo dentro del mueble, me gustaría mucho que mi tío lo supiera, aunque creo que es mejor no forzar las cosas…"

11.2.11

EL ENREDO


Adolfo Seat “el chapista” se encontraba buscando ferretería por los páramos, y al quedar enredado entre un montón de alambres, decidió atajar primero las mazuelas y los ferretes, dejando por consiguiente para después la extracción de sus miembros, incluido el subúculo perineal. En cuanto al retraso en la sedimentación de los cálculos no tardaría en encontrar remedio, aunque lo que verdaderamente constituía una inquietante incógnita es de qué modo se las arreglaría para vaciar los depósitos de glefa, en serio peligro tras el enganche inicial, habida cuenta de la escasez de herramientas.

El chapista calibraba sus posibilidades de desenredo mientras se protegía las escápulas agitando frenéticamente su pañuelo de “ir a cazar caracoles” (anudado en las esquinas), cuando de la espesura surgió una nivalinda de los páramos batiendo graciosamente sus alúvulas fosforescentes. Ésta, se detuvo unos instantes y mirándole a los ojos le preguntó:

—¿Te han apresado los Huacanotes? ¡Toma, usa esto y date prisa, están a punto de llegar!
—Muchas gracias (usando eso) pero no se preocupe, sólo quería recoger unos alambres y marcharme enseguida…

LOS HUACANOTES HAN LLEGADO

Adolfo Seat, una vez liberado de sus enganches iniciales, se despide así de la nevalinda:

“Preciosa criatura, gracias por el “soplete de berilio”, ahora regresa a tu paraíso multicolor que ya me ocupo yo de todo (entregándole el objeto con toda delicadeza).”

Adolfo Seat hizo una enorme bola con los alambres que a continuación logró comprimir valiéndose de nudillos y pulgares hasta convertirla en una diminuta esfera atómica extraordinariamente pesada. Tan diminuta y pesada que, sometida a unas fuerzas gravitatorias excepcionales debido a su desmesurada masa, se hundió profundamente en la tierra dejando un hueco limpio y oscuro. A continuación se percibieron unos sordos temblores bajo los pies que acabaron remitiendo al cabo de un rato. “Vaya, —exclamó el chapista— tendré que quedarme a excavar durante la noche”.

Los Huacanotes, que habían observado el episodo con gran atención, evacuaron el material de los animales de carga (¿) con el fin de apresar a la víctima, según el dictado de sus pensamientos periféricos…

El chapista, se dirige a los visitantes en estos términos:

“Caballeros, a no ser que quieran encargarme un vehículo en este momento, (que por cierto no podré terminar antes de 4 días), les informo de que he de irme con toda prontitud al interior de la tierra a buscar mi pelotilla de metal, pues he de terminar una berlina rosa palo para mañana a la 6.
Que tengan un buen día todos ustedes sin excepción”.

Por alguna razón los Huacanotes consideraron conveniente mantener un hondo y prolongado silencio.

Adolfo Seat finalmente se puso a excavar en la tierra con sus propias manos consiguiendo una velocidad de crucero óptima al cabo de unos minutos. Estuvo de regreso en su taller (la habitación de al lado de la cocina) durante la madrugada más próxima.

El vehículo, de irreprochable factura, pudo ser entregado con éxito a la hora convenida.

19.11.10

SIGUE ASÍ Y LLEGARÁS CERCA

(Confesiones del niño blusa cuando ya casi era otro)

La madre de mi madre me decía: "Tú, hijo del Padre verdadero, traspasa ya los límites de tu programación básica, haz lo contrario de lo que haces y penetra la Sustancia con alegre percusión”.

Ante eso me puse a llorar un poquito y luego, ya más calmado, acepté la realidad de mi comportamiento: si quería resultados diferentes, tenía que dejar de hacer lo que hacía inmediatamente.
Y empecé en ese momento.

—Abuela, ¿vale elevar la leva en vela, la lave o no la ve?
—A la abuela la va a velar, la lave o no la lave.

Y mi mundo cambió inmediatamente, y no solo mi mundo sino el mundo de los demás, es decir, todos los mundos.
Todo lo que es
apareció en mí, sin saber quién era mí. Mimirri.

Afortunadamente había recuperado mi pasaporte de entre los matorrales (unos conejos se lo llevaron), pero la foto reflejaba la luz de una manera tan refulgente y estable que no pude verme en ella.

Y soplando hacia la luz fundí a magentas...

11.11.10

EL CONSTELADOR DE SIDERIO


Por fin me acaban de contar la verdad acerca de la forma de las pirámides: Los antiguos egipcios se inspiraron en las dunas del desierto para construirlas. Al parecer, en aquel tiempo las dunas acababan en pico como consecuencia de la acción del viento. Así que ya está resuelto el misterio.

Y llegados a este punto tenemos que concluir de una vez por todas, que las pirámides de Egipto son construcciones normales basadas en la naturaleza, que se realizaron con mucho esfuerzo y dedicación.

Y como son construcciones tan normales, ni siquiera se consideró necesario mencionar en ninguno de sus grabados el modo en que transportaron los bloques de granito de hasta 80 toneladas desde una cantera situada en unas montañas a 1000 kilómetros de distancia, ni de qué manera se las arreglaron para conseguir troncos de madera sobre los cuales habrían de desplazar esos bloques, madera que ciertamente no abundaba en el desierto. Hay que decir que los bosques más cercanos (hablamos de un montón de troncos) se encontraban en el sur de Europa. Sencillamente todo eso se llevó a cabo con paciencia y mucho esfuerzo.
Ya está.

¿Cómo se llama tu madre?

16.10.10

ES TAN FACIL QUE CUESTA CREERLO

3.10.10

EX NORMAL VS SUPER NORMAL


Después de ocurrir algo muy gordo que cambió el curso de la Historia (tal como el resto de acontecimientos sin exclusión, pues todos y cada uno de ellos lo cambian todo constantemente), dos organismos humanos que paseaban por allí intercambiaron estas impresiones:

Ex Normal: Yo no tengo nada que objetar, lo veo todo bien.

Super Normal: Yo tampoco tengo nada que objetar, independientemente de como lo vea.

EN: ¿Qué tal ahora que sigues siendo?

SN: Todo sigue sucediendo naturalmente.

EN: A mí también me sucede casi lo mismo, a pesar de haber dejado de seguir siendo, ¿cómo es eso posible?

SN: Quizá sea porque te hablas a través de mí. Ahora de hecho está sucediendo esto.

EN: Sí, y la verdad es que lo noto todo un poco raro (hay un bebé subido ahí arriba y algunos colores).

SN: Siento no poder acompañarte en esta ocasión. En cualquier caso, sí a casi todo, por supuesto.

ACERCA DEL ACONTECIMIENTO GORDÍSIMO
(mensaje para niños).

Ya no es necesaria la tragedia.

Desde tiempos remotos ya hemos estado padeciendo la amenaza soterrada, latente y presente del terrible suceso que siempre estaba por llegar...

Pero eso ya lo estamos parando.

Quizá sea el momento de decir en voz bien audible a los porteadores de la leche negra:

"Lo siento, le deseo lo mejor en su andadura única e intransferible, pero el miedo ya no puede entrar en mi experiencia, y no porque yo no quiera que entre (que también), sino porque sencillamente ya no soy capaz de sintonizar esas frecuencias tan densas con mi nuevo receptor "Sirius 1.1", así que te sugiero que vayas abandonando este hábitat tan escaso ya de nutrientes (si permaneces aquí morirás de inanición), y deseo de todo corazón que encuentres tu lugar en este maravilloso campo-mente infinito".

EN: ¿Me perdonas?

SN: Prefiero que me bañes.

23.9.10

NO ES TAN TARDE PARA SER SABADO


Pepetoño visita a su educador ministerial una vez cada tres meses con el fin de reponer el chip craneal y realizar el test correspondiente. Esta vez se ha instalado una configuración nueva en período de prueba, que parece estar dando muy buenos resultados a juzgar por las respuestas al interrogatorio de emergencia al que fue recientemente sometido.

La pregunta elegida en esta ocasión es la siguiente:

“¿Acepta que todo esto que hacemos
es un bien para usted?”


A lo que Pepetoño responde lo siguiente:

“Hay un momento en la semana en el que accedo a un estado de bienaventuranza que parece estar fuera de todo antagonismo: el sábado. Dado como soy a llevar una vida considerada por la mayoría del mundo como normal, durante la mayor parte de los días mi cabeza está ocupada por tribulaciones de todo tipo que me hacen pensar que la vida es una estúpida sucesión de acontecimientos absurdos donde la sensación de paz es sistemáticamente vulnerada por una suerte de continuo desasosiego subyacente.

Sin embargo, el sábado surge de las penumbras de la semana casi concluida como un espacio límbico de recreo blindado a los pesares cotidianos. Una pequeña cuna protectora donde parece que nunca es tarde. El domingo, esa fiesta aséptica consensuada, todavía no ha llegado. Y cuando llegue, tendré todo un día a mi disposición para permanecer narcotizado entre los vapores de la abulia, mientras voy despojándome de mi alma según avanza la tarde, para acabar entregándola de nuevo un poco antes de lunes…


He que decir que tengo ciertas dudas al respecto de la pregunta de hoy, pero seguramente es porque me encuentro un poco cansado.

Así que mi respuesta es sí: pienso que todo esto que hacen ustedes es un bien para mi”.

—“Lo cual es cierto”, replicó su mente subconsciente tras recibir el mensaje.